El brillo eterno del sintetizador italiano y la luz del neón en la pista.
Entre los destellos de los clubes europeos de principios de los 80, donde la tecnología se mezclaba con el deseo y el baile era casi un acto futurista, surgió un sonido que definiría toda una generación: el Italo Disco. Y entre los nombres que ayudaron a dibujar su identidad luminosa destaca Peter Richard —seudónimo del productor y cantante italiano Walter Beinat—, quien con su tema “Walking in the Neon” consiguió encapsular toda la estética del género en poco más de seis minutos de electrónica radiante.
El origen de una joya sintética
El single fue concebido en el efervescente circuito italiano de synth disco que florecía en sellos como Good Vibes y Full Time Records. En la producción participaron dos figuras esenciales del movimiento: Gigi Farina y Franco Rago, responsables de proyectos tan venerados como ’Lectric Workers y Decadance. Su influencia se nota en la precisión de los arreglos, en la línea de bajo programada y en la arquitectura rítmica casi matemática que sostiene toda la pieza.
Aunque el tema se asocia al año 1985, su espíritu —y parte de su gestación— remonta a los primeros años de la década, cuando el Italo empezaba a separarse del Eurodisco para abrazar un lenguaje más electrónico, más frío y más urbano. De hecho, el lado B del vinilo, “Strange Desires”, suena como una postal de 1981: sensual, sintética y perfectamente alineada con la ola de sintetizadores que conquistaba Italia.
Un viaje bajo luces artificiales
“Walking in the Neon” no necesita una letra compleja para funcionar. La voz procesada de Beinat, casi andrógina, repite frases sencillas, atrapadas entre ecos y reverberaciones, mientras una melodía hipnótica guía la escucha. Todo suena como un paseo nocturno por una ciudad vacía, iluminada por neones rosados y azules.
La magia del tema está en su capacidad para convertir la repetición en trance. Cada vuelta del sintetizador principal abre una sensación distinta: primero excitación, luego nostalgia, y finalmente una especie de calma eléctrica que solo el ítalo Disco sabía provocar.
Recepción y culto
A diferencia de otros éxitos de la época, “Walking in the Neon” no irrumpió en los grandes rankings europeos, pero se convirtió en una pieza de culto. DJs de clubes underground de Milán, Berlín y Nueva York la adoptaron como cierre de sesiones de madrugada, y su mezcla entre Hi-NRG y space disco le dio una nueva vida en compilaciones de los 90 y reissues en vinilos de color editados por sellos como Dark Entries o Disco Segreta.
Hoy, el tema es considerado un estandarte del sonido italo más elegante: electrónico, minimalista, con un toque romántico y melancólico. Los coleccionistas lo buscan no solo por su rareza, sino porque representa la esencia de una época donde el sintetizador era sinónimo de libertad.
El eco del futuro
Escuchar “Walking in the Neon” en 2025 sigue siendo un viaje sensorial. Suena moderno, limpio y perfectamente adaptable al synthwave contemporáneo. De alguna manera, el tema anticipó ese futuro nostálgico que hoy domina el imaginario estético de la música retrofuturista.
En cada nota hay una promesa: la de seguir caminando entre luces artificiales, bailando con la sombra del pasado.
“El Italo Disco fue más que un sonido: fue la idea de que el futuro podía bailarse. Y ‘Walking in the Neon’ es ese futuro hecho música.”