Versión electrónica del tema de Vangelis, 1981
El día en que el espacio llegó a la pista
El nacimiento del “space disco” italiano
A principios de los años 80, cuando el Italo Disco comenzaba a definirse como un nuevo lenguaje electrónico europeo, tres productores de Parma —Stefano Cundari, Paul Sears y Ugo Solenghi— decidieron mirar al cielo. Fascinados por los sintetizadores de Vangelis y por la imaginería espacial de la ciencia ficción, formaron Hypnosis, un proyecto que mezclaba la precisión tecnológica con la fantasía cósmica.
Su carta de presentación sería una idea tan simple como audaz: versionar “Pulstar” de Vangelis, un tema instrumental del álbum Albedo 0.39 (1976). Pero en lugar de reproducir su carácter contemplativo y sinfónico, Hypnosis transformó aquella obra en una pieza bailable, cargada de ritmo, brillo y electrónica futurista.
De la galaxia al club
“Pulstar” de Hypnosis —grabado entre 1981 y 1983— es una de las primeras muestras claras de lo que más tarde se llamaría space synth: un subgénero del Italo Disco que exploraba sonoridades espaciales con estructuras de pista de baile.
El grupo mantuvo la línea melódica inconfundible de Vangelis, pero la rodeó de cajas de ritmo mecánicas, líneas de bajo secuenciadas y capas de sintetizador analógico que parecían vibrar en gravedad cero.
El resultado fue hipnótico, casi cinematográfico: una pieza que sonaba como si la NASA hubiera abierto una discoteca en la órbita terrestre.
Publicada por el sello ZYX Music y distribuida en Europa por Memory Records, la canción se convirtió en un éxito inmediato. Sus versiones extendidas en vinilo de 12″ alcanzaron los clubes de Alemania, Suiza y España, y lograron situar a Hypnosis en el Top 10 alemán en 1983.
Un sonido de otro mundo
Lo que hacía especial a “Pulstar” era su capacidad para conjugar dos mundos aparentemente opuestos:
El sinfonismo electrónico de Vangelis, lleno de matices espaciales y profundidad.
La inmediatez rítmica del Italo Disco, con un tempo bailable, repetitivo y adictivo.
Cundari y su equipo utilizaron sintetizadores Roland Jupiter-8, ARP Odyssey y secuenciadores Oberheim, construyendo un muro de sonido limpio pero emocional.
El beat, firme y maquinal, contrasta con la melodía etérea del teclado, generando un diálogo entre máquina y sentimiento que definiría la estética del género durante el resto de la década.
Más allá del homenaje
Aunque es una versión, “Pulstar” no se limita a copiar. Hypnosis convirtió la composición de Vangelis en una experiencia colectiva: un viaje que cualquiera podía bailar.
En cierto modo, la canción simboliza la democratización de la música electrónica: aquello que antes era contemplado por audiófilos y fanáticos de la ciencia ficción, ahora se escuchaba en las pistas de baile, acompañado por luces estroboscópicas y humo artificial.
Su éxito abrió camino a proyectos como Koto, Laser Dance o Cyber People, que seguirían explorando ese espacio entre lo cósmico y lo terrenal.
Legado de neón y eternidad
Cuarenta años después, “Pulstar” sigue brillando. Su arpegio principal continúa siendo un referente para productores de synthwave y retrofuturismo sonoro, y su atmósfera espacial aún evoca el optimismo tecnológico de los primeros 80: una era en la que el futuro sonaba a sintetizador y cada beat prometía una nueva galaxia.
“Pulstar” no fue solo una canción: fue la confirmación de que el espacio también podía bailar. La versión de Hypnosis logró lo que pocos consiguieron: hacer que los sueños cósmicos de Vangelis descendieran a la Tierra, sin perder su misticismo. En su bucle infinito, aún resuena la promesa de una humanidad que mira hacia el cielo… con los pies en la pista.